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viernes, 19 de febrero de 2010

Aldea de La Tosquilla


Vista de La Tosquilla desde el camino que lleva a la ermita de las Ventosas.

Vista de La Tosquilla desde la parte sur.

Calle única de La Tosquilla.
Aparece ya mencionada en el año 1184 bajo el nombre de Iohan Toschella, en 1209 bajo el apellido Ioan Toschella, en 1262 como Guillelmus de la Toschella, en 1551 como aldea de Juseu bajo el nombre de Tosquiella, en 1660 mencionando las casas de la Tosquiella igual que en 1850 y ya es en 1862 cuando aparece como Tosquilla y 1894 La Tosquilla/La Tosquella. Etimológicamente procede del diminutivo de la palabra tosca, y no es casual que sus casas estén levantadas con grandes sillares de este tipo de roca, abudante en este punto. Se encuentra a escasos dos kilómetros por carretera de Torres del Obispo, pero en tierras de Juseu. Actualmente existen dos casas habitadas por dos familias, una ermita dedicada a San Antonio de Padúa erigida en 1551 según cuenta la leyenda porque al transportar al santo por estos malísimos caminos de entonces se cayó del carro que lo llevaba a ahí donde calló se levantó la ermita. Existe un única calle que conecta la parte sur con la norte; se trata de una estrecha y preciosa callejuela sobre la que existen dos bonitos soportales con arcos demedio punto hechos por su puesto con sillares de tosca.

Panoramica del Puente de Rocinés

viernes, 16 de octubre de 2009

Puente de Rocinés

Vista del puede desde el fondo del barranco al norte.

En las cercanías de la aldea de La Tosquilla, en una zona muy umbría donde ne invierno la escarcha es permanente, se encuentra este precioso puente de un solo ojo que salva el Barranco de Las Eixaringas que en este punto se denomina como Barranco de Rocinés, el cual según Rizos Jiménez, procedería etimológicamente de que en este lugar se arrojarían las carroñas de los rocines y demás caballerías. Hecho en su totalidad en piedra, como se dice en la zona, tosca (toba en castellano) muy abundante en la zona, con unos grandes sillares mayoritariamente bien escuadrados y trabajados rejuntados con argamasa, conserva aún tímidamente su empedrado original realizado con cantos del barranco, los sillares de las barandillas son los más deteriorados algunos de ellos incluso perdidos. Sus dimensiones no son para nada llamativas con unos 12 metros de largo por 2,5 de ancho y 7 de alto, pero no es eso lo que lo hace ser querido y especial sino la armonía que transmite y el entorno en el que se encuentra. Posiblemente importante en su tiempo, hoy está siendo devorado por malas hierbas que favorecen un ruina inminente. Posiblemente, según fuentes, sus orígenes se remonten incluso a antes del periodo románico, aunque parece lógico pensar que si la aldea a la que da acceso ya es mencionada en 1184 posiblemente ya estuviera en pie para esas fechas. Y tal y como en un principio sirvió, sirve aún hoy de paso de ganado y algún que otro caminante despistado.